Turismo en moto en Menorca

Hay lugares en los que, dados su tamaño y morfología, jamás pensaríamos que son capaces de ofrecer una pródiga diversidad turística y cultural. Menorca es uno de esos lugares. Al buscar un destino turístico e indagar en la isla, nos sorprendemos encontrando una reserva de la biosfera declarada por la UNESCO y una historia que comienza ya en la prehistoria, que habla de invasiones de vándalos, de bizantinos y, finalmente, de musulmanes que la dominan durante cuatrocientos años hasta la conquista de la corona de Aragón, de saqueos de piratas y de destrucción tras ataques turcos en que por poco queda abandonada, de la guerra de sucesión en que la toman los ingleses por período de cien años, los cuales incluyeron breves etapas de dominación francesa y española, de puertos francos, del tratado de Amiens en que volvió a ser española, de la guerra civil que la arruinó y de la posterior recuperación hasta la prosperidad acual, que se debe en gran parte al turismo. Y de todo ello hay vestigios.

Esto y más tiene la isla de Menorca, perteneciente al archipiélago Balear, en unos 50 kilómetros en su parte más larga, desde la fortaleza de Isabel II, cerca de Maó, hasta el Pont d’en Gil, en Ciutadella, sus dos poblaciones más importantes, que se recorren en tan solo una hora.

Menorca es una isla tranquila y acogedora; nunca aburrida. La isla ofrece, además de playas y calas que se suceden entre taludes rocosos, numerosas actividades deportivas y excursiones durante el día, tanto de mar como de interior, las cuales se complementan con otras tantas de ocio nocturno.

Ya por economía, la moto es perfecta para desplazarse por la isla. Otra razón son las carreteras estrechas que surcan su superficie. Con tanto que ver, necesitamos una buena planificación y agilidad de movimientos. Ha de ser fácil llegar, visitar y salir rápidamente hacia el siguiente destino, aunque estemos de vacaciones y vayamos sosegados. Paradójicamente, esto no es correr como locos de un lado a otro, sino viajar con más calma al no tener la preocupación de quedarnos sin ver alguna cosa de interés. Un ejemplo es el faro de Favàrtitx, donde ni siquiera hay zona habilitada de aparcamiento y hay que estacionar en la carretera. Con una moto no es necesario pensarlo dos veces para visitarlo.

Si, en lugar de conocer, la opción es disfrutar del sol y el mar en playas y calas, también supone una ventaja ir en moto. En Cala’n Bosch o en Son Saura, así como en tantas otras, las plazas de aparcamiento para coches son escasas y resulta más cómodo estacionar con una moto.

Por último, una recomendación: la puesta de sol en el faro de Punta Nati, donde, si vamos en moto, podremos llegar fácilmente y aparcar de inmediato, ya que la carretera es tan estrecha que dos coches que se encuentren de frente han de apartarse a los arcenes flanqueados por muros de piedras para pasar a la vez a escasa distancia y la zona de aparcamiento es tan pequeña que se llena enseguida.

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